Agradecimientos

No sólo porque este sea un libro salido del Premio de Novela que lleva su nombre, es que estamos acá reunidos para brindar por Adriano. Siempre que más de dos se reúnan en torno al vino y a los libros, consciente o inconscientemente estarán brindando por él de alguna manera. Por tanto, cuando el vino comience a alegrarnos el espíritu, estaremos dando inicio a la misa de esa religión de la que Adriano pasa a ser algo así como el santo patrono.


De los libros, es poco lo que sus autores puedan decir que los mismos textos no puedan hacer por sí mismos. Acaso tratar de paliar un poco las inmensas deudas que nos quedan luego que están en las manos de los lectores. Agradezco entonces a los miembros del jurado nacional de la Bienal : Ana Teresa Torres, Luis Barrera Linares y muy especialmente a María del Pilar Puig (que siempre se mostró entusiasmada con la novela), por haber recomendado el manuscrito para su publicación. También agradezco, por supuesto, a mi maestro Oscar Marcano, a quien conocí cuando aún vivía en La Victoria, primero por correo electrónico y luego por teléfono, y siempre fue esa persona preocupada por lo que está ocurriendo en literatura en el país y ese autor generoso con las nuevas voces. También, al gusano Luis Brito, por la hermosa foto con la que se encargó de dar el toque que yo estaba buscando para la portada. A Vladimir Mujica (y a toda la gente de Norma, con especial énfasis en Ariana Basciani y en el equipo de Mercadeo) quienes han sido pacientes con ese rasgo mío que, de cuidadoso y perfeccionista, raya peligrosamente en lo fastidioso.

Quiero agradecer también a Lennis, quien no sólo soportó convivir con mis impertinentes cavilaciones en torno a esta o aquella línea de la novela durante un buen tiempo, sino que tuvo además la nobleza y la paciencia de cumplir su palabra de ser la primera lectora de la misma. Y cuando digo primera lectora me refiero a que en las ocho ocasiones que la reescribí y la di por terminada, ella no faltó a su palabra de ser la primera lectora en cada una de ellas.

También quiero agradecer a Roger Michelena, mi socio en Ficción Breve Libros, por todo el apoyo promocional a la obra. Y, por supuesto, a Linsabel Noguera, quien le dio al Bisonte su primera reseña crítica. De igual manera, agradezco mucho a todos los lectores, familiares y amigos presentes, que vencieron el apocalíptico tráfico caraqueño para brindarme su compañía, muy especialmente a la hermosa Ariadna, a quien va dedicada en parte la novela.

Por último, dejo para el final dos agradecimientos especiales: al Pen de Venezuela, y a Edda Armas, por la solidaridad constante, y a Econoinvest, en la figura de Herman Sifontes, por todo el apoyo que han dado no sólo a la Bienal Adriano González León, sino a toda buena idea para desarrollar el arte en Venezuela.

Para no abusar del tiempo de los presentes, concluyo diciendo que pedí expresamente que mi correo electrónico estuviese en la solapa del libro, para seguir conversando con los lectores de esta novela cada vez que así lo deseen.

Un solo dolor empaña este momento, y es que uno de los más grandes incentivos que ofrecía la Bienal era la posibilidad de ser leído por el autor de País Portátil, cosa que, en este caso, no llegamos a tiempo. Lo que queda es brindar por Adriano, y desear que donde esté haya encontrado una barra con amigos y una buena biblioteca.